Al hilo del asesinato de Isabel Carrasco

Han pasado ya unos días del asesinato de la presidenta de la Diputación de León y otros 11 o 12 cargos más. No. No fue una masacre que se llevara por delante a 11 o 12 personas, es que Isabel Carrasco acumulaba todos esos cargos. Como hay secreto de sumario, las filtraciones nos permiten ir conociendo algo más sobre lo sucedido, aunque las informaciones dejan mucho de satisfacer a la mayoría.

El Gobierno y la casta en general se han propuesto amordazar las redes sociales porque se han dado cuenta de que no pueden controlarlas a su antojo, tal como hacen en el régimen con el resto de medios de comunicación, en donde los adictos, serviles y seres dóciles tienen un acomodo fácil y los contestatarios o profesionales independientes cada día lo tienen peor.

He notado mucha indignación en torno a este hecho lamentable. En muchos casos el odio partidista, en otros las envidias personales o colectivas y en los menos por seguir la corriente, pero se nota mucho cabreo entre la ciudadanía por todo lo que está ocurriendo. Ya no hablo del asesinato en sí, que supongo que habrá pocos a los que les parezca bien la muerte violenta de una persona, me refiero a la figura de una dirigente que, con todo lo que está pasando, acumula cargos y cargos y, según observo, no era una de las representantes políticas que se hubiera granjeado el cariño de su pueblo.

La casta ha creado un sistema perfecto. Perfecto para ellos, claro está. Miles o cientos de miles de puestos inservibles o superfluos que generan cientos o miles de empresas públicas que teóricamente no sirven para nada, pero que en la práctica sirven de pesebre y asiento para los sectarios que deben mantener un aparato de adeptos bien alimentados.

Hablando con trabajadores, empresarios y autónomos te das cuenta de todos los esfuerzos que deben hacer para poder pagar toda una montaña de impuestos para poder subsistir, ya no digo vivir de forma normal. Todo ese dinero sirve sólo y únicamente para el mantenimiento de las miriadas de parásitos que viven a costa de los impuestos de todos. No tienen ni otro fin, ni ninguna otra justificación.

Esos impuestos son algo así como lo que utilizan las mafias para mantener sus plantillas. Es lo mismo. En unos casos te llega el matón de turno para exigirte el pago y en otros es Hacienda la que se encarga de amenazarte o aniquilarte, si no entras por el aro.

Luego observas que cualquier latrocinio es ocultado, sobreseído, olvidado y los ladrones, en el caso de ser pillados, son indultados o declarados no culpables, a pesar de todas las evidencias, merced al reparto que se han hecho de la casta judicial en el régimen.

Siempre nos quedarán jueces, fiscales, periodistas o políticos honrados y dignos, pero ya empiezan a constituirse en especies en vías de extinción.

Algunas de las consecuencias de este perverso sistema es que se va tendiendo a que los responsables nombrados lo sean por su docilidad y sectarismo, al margen de su competencia y que cuando necesitas una ambulancia o el exámen de algún especialista médico, te encuentres con que no existen porque el dinero para la adquisición y mantenimiento de esa ambulancia está en la cuenta corriente de Suiza o de otro paraíso fiscal de un delincuente conocido o anónimo que se lo ha llevado impunemente del presupuesto de todos o el médico especialista está en el paro porque el sueldo que debería corresponderle, se lo están dando al parásito o pesebrero de confianza del régimen.

Si a esto le unimos el preocupante hecho de que la gran mayoría de la población es acritica, que no se plantea nada, que no le importa nada, sino las gilipolleces de los famosoides de turno o el gol del enésimo partido de la enésima competición de cada temporada, pues la conclusión es para llorar o para meterse en una cueva. En unos días volverá a tocar depositar nuestro voto, pero si la gran mayoría, pasa, le importa un huevo, le da igual o, como miembros del aparato del régimen, les parece perfecto, sano y maravilloso que todo siga igual, pues el panorama es bastante negro.

La imagen la encontré en Agora Diario.

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