Los peros del paro: picaresca y competitividad

Si vives en España ya sabes que la realidad y la ficción caminan de la mano en sectores básicos de nuestra economía. Una economía que funciona milagrosamente.

En algunos momentos he pensado que el presupuesto real del Ministerio de Economía español dedica una partida a comprar velas para encenderlas a algunos santos, implorando que sigan con los milagros acostumbrados.

Es surrealista lo que ocurre aquí con la economía y el paro. No me pongo de acuerdo todavía si la improvisación lleva al caos o el caos lleva a la improvisación, pero en cualquiera de los dos casos, estamos viviendo una época muy curiosa.

Todos los días surgen nuevas cifras de paro, descenso de la productividad, caos en el sector tal por ERES cubiertos o encubiertos, trapicheos de los parados al Gobierno o trapicheos del Gobierno a los parados.

Intentaré analizar la situación. Reconozco que no es tarea fácil, pero ahí va mi humilde intento:

Partimos de la base de que estamos en la Unión Europea con más o menos los mismos patrones que el resto de los países que la forman. Sin embargo tenemos el doble de paro que el resto y padecemos unos sueldos que duplican o triplican los países de nuestro entorno.

Los precios están igual o incluso más bajos que en países con mayor calidad de vida. Vete mañana por ejemplo a una cafetería céntrica de Munich o París o Roma y pide un café. Como pagarás en euros la comparación es fácil. Intenta contratar una ADSL en condiciones en Francia, Alemania o Italia. Seguro que consigues algo mucho más rápido, fiable y barato que lo que conseguirías aquí.

Por último vamos a la cesta de la compra. Ve a un supermercado tipo a Munich, París o Roma. Compra un litro de leche, un kilo de patatas y una docena de huevos. Compara precios. Seguro que aquí nos sale todo mucho más caro.

Hace tiempo que no voy a Francia, pero en el último Tour de Francia, los corredores pasaban junto a vallas publicitarias de grandes hipermercados que también tenemos por aquí y las ofertas eran impresionantes. Supongo que en Bélgica, Holanda o Austria, por poner otros ejemplos, los precios estarán casi igual.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué existen estas diferencias?

Creo que porque aquí nos dejamos robar sin que nos importe y en el resto de Europa exigen sus derechos, los precios que les corresponden y los salarios que merecen.

La picaresca española preside todo el entramado. Trabajadores y empresarios quieren engañar al Gobierno, éste lo sabe e intenta engañarlos a ellos antes. Así infinitamente.

Hablan de competitividad y no se paran a pensar, ni unos ni otros, que para competir es necesario ser competitivo. Parece de perogrullo, pero es así. Los empresarios no pueden pretender competir en calidad con empresas que duplican o triplican el sueldo de sus trabajadores, los tienen contentos y, por regla general están contentos con sus trabajos. Aquí el trabajador que no piensa más de una vez al día en quemar su propia empresa por las condiciones miserables que tiene, es un milagro.

Aquí no sirve argumentar que la economía de Francia o la de Alemania, tal o cual. Estos países han sufrido la misma crisis internacional y están creando empleo ya. No creo que sus presidentes hayan encontrado una varita mágica. La diferencia es que son mucho más capaces, previsores y responsables que el nuestro.

Llegamos al timo europeo: Más de una vez has oído decir al de turno que se debe subir el impuesto tal o el precio del producto cual para equipararnos a Europa. Eso es una falacia, una mentira y un engaño. ¿Cuando van a subir los salarios en España para equipararlos a Europa? En Francia es el doble de SMI, en Luxemburgo el triple.

El paro, esa palabra tan de moda últimamente se está haciendo muy popular en España en los últimos años. En este punto las curiosidades no dejan de sorprender.

En lo básico, el Gobierno intenta engañar a todo el país decorando las cifras de parados y también engañar a los parados para que acepten 420 euros como animal de compañía.

Si un parado está cobrando la prestación, pongamos 700 euros al mes, es de cajón que no va a aceptar un salario de 600 para dejar el paro. Esto lo entiende todo el mundo, menos el Gobierno y algunos empresarios miserables.

Cuando se le termina la prestación pasa a cobrar la paga de miseria de 420 euros. En este caso el Gobierno cree que una familia puede perfectamente vivir con esa cantidad durante un mes y se lleva las manos a la cabeza al observar que hay gente que cobra ese dinero y luego hace trabajitos en negro.

Y luego está la matraquilla de los empresarios de que para crear empleo hay que rebajar sueldos y abaratar el despido. En condiciones normales, podrían ser viables estas medidas, pero bajar más los sueldos no creo que arregle nada.

Hay ocasiones en las que pienso que, tal como estamos, la adopción de la esclavitud sería una medida social muy bienvenida.

Están saliendo datos sorprendente sobre cursos a los que están llamando a desempleados. Curiosamente no les interesa hacer esos cursos, aunque habría que profundizar en la cuestión. ¿Son cursos idóneos para el tipo de parado al que están destinados? ¿Sirven para algo?

La lógica, algo que no usa el Gobierno, nos dice que un trabajador aceptará un trabajo digno para salir del paro siempre que mejore lo que ya tiene. El Gobierno piensa lo contrario.

Yo no tengo la solución. Tampoco me pagan para encontrarla, pero estoy convencido que lo que se está haciendo no es más que parchear los parches indefinidamente.

Parcheando todo no se puede ser competitivo. Parcheando no se puede salir de la crisis y gobernando a salto de mata, sólo se conseguirá tapar agujeros, mientras se crean otros más grandes.

Algunos se echan las manos a la cabeza temiendo que se puede llegar al 20% de paro. Tranquilos, muchachos. En Canarias y Andalucía estamos ya en el 27% y seguimos viendo la champions tranquilamente.

Me ha salido algo largo, el artículo. Entenderé perfectamente que no llegues hasta aquí. Reconozco que a veces me paso con la extensión.

La imagen de algunos currantes construyendo el Skyline de Nueva York la encontré en algún sitio que ahora no recuerdo.

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