Reflexiones a quemarropa sobre la final de la Champions League

En un momento que tengo libre me pongo a escribir estas líneas para contarte algunas cosillas. Estoy convencido de que tanto si no las escribo como si no las lees, el mundo seguirá su curso sin mayores problemas, pero me apetecía escribir ahora.

No sé si te has planteado alguna vez lo que se gana o se pierde en términos económicos en una final como la de esta noche de la liga de campeones. Si estás perezoso para mirarlo, no te preocupes que ya lo he hecho por ti.

Exactamente el ganador se lleva 110 millones de euros y el finalista la mitad, unas cantidades que no están nada mal y que para cerrar el balance económico viene muy bien.

Pero ese dinero se lo da la UEFA al club que lo gana, que normalmente no suele repartirlo entre sus socios, hinchas o simpatizantes, según tengo entendido.

Y digo esto porque la alegría que desbordan los seguidores de un club cuando gana tiende a confundir algo porque da la impresión en la mayoría de las ocasiones que les va la vida en ello e incluso en algunas ocasiones esta última frase no es una metáfora.

Con el tiempo he aprendido a ver los acontecimientos deportivos sin esa pasión enfermiza que suele caracterizar a los seguidores de los distintos equipos. Esta noche veré el partido, lo disfrutaré y gane quien gane me iré a dormir a pierna suelta.
Lógicamente prefiero que gane el Barsa porque es un equipo español y porque mi familia es de Barcelona, pero si gana el Manchester me quedaré tan tranquilo.

Recuerdo que hace años en las inmediaciones del Estadio Insular, donde jugaba la Unión Deportiva Las Palmas y donde vivía por aquel entonces, me encontraba con mi hijo, saliendo de casa o llegando a ella, no recuerdo este punto, pero acababa de terminar un partido en el que los locales habían ganado y los hinchas estaban como locos gritando, cantando y haciendo lo típico de estos casos.

Mi hijo, que tendría 3 ó 4 años por aquel entonces, me preguntó por qué gritaban y yo le contesté que lo hacían porque se alegraban de que su equipo ganara. No contento con la respuesta me volvió a preguntar por qué se alegraban por ganar y yo le contesté que era porque les daban una copa al final. (Evidentemente estaba en la edad de los por qués) No se quedó contento tampoco con esa respuesta y me preguntó qué era lo que contenía la copa que les daban por ganar y yo le dije para que lo entendiera que estaba llena de caramelos.

Entonces asintió y pensó que si que merecía la pena ganar, pero no le dije la triste realidad: que la copa estaba absolutamente vacía.

Esta noche también entregarán a uno de los equipos una copa vacía, a no ser que la rellenen de caramelos en el último momento.

Mi amigo Renato, que vive en Roma igual ha tenido la suerte de conseguir entrada y ve la final desde el campo. Hoy me mandó un enlace a un artículo que salía en la prensa italiana, en el Corriere della Sera, para ser más exactos.

No hace falta explicar mucho de qué va. Con el titular queda bastante claro: Canarias, paraíso de las vacaciones, infierno del paro.

Pero, claro, no se van a poner precisamente hoy a arreglar esos problemas. Que hay Champions League.

La imagen del trofeo que se entregará esta noche la encontré en Café Fútbol y vista detenidamente, caben un montón de caramelos dentro :-))

Actualización: El Barsa se proclamó con todo merecimiento campeón de la Liga de Campeones con un juego y una superioridad incontestable. Y Renato me escribió para decirme que no estuvo en el Estadio Olímpico de Roma. El partido lo disfrutó tranquilamente desde su casa.

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