Las nuevas medidas del Gobierno se centrarán en seguir engañando a la ciudadanía

Reconozco que ver a los clientes de la cafetería del Congreso de los Diputados y de los bares colindantes discutir sobre las medidas que se deben tomar para salir de la crisis me dan ganas de llorar, por no decir directamente vomitar.

Hablan y hablan y no dicen nada. Sólo demagogia, humo, paja. El Gobierno vive a sus anchas porque tampoco debe preocuparse mucho por lo que tiene enfrente, el PP: una oposición dividida en luchas intestinas, casos de corrupción y crisis ideológica que se los come vivos.

De lo que pude presenciar ayer, quizás Rosa Díez fue la única que merecía la pena escuchar. El resto, más de lo mismo. Los unos, con el discurso capado por sus pactos y alianzas con el propio gobierno en las autonomías y los otros con una dialéctica roma y sin pegada.

Rodríguez Zapatero se limitó a sacar a pasear un desfile de cifras, que condimentadas a su gusto, le permitían hacer la cuadratura del círculo sin dificultad. Del resto ya se encargarían los medios de comunicación palmeros para hacer llegar a los siervos de la gleba el mensaje correcto: Estamos en crisis, pero el Gobierno es muy listo y muy inteligente y velará por todos nosotros.

Lo de ZP me recuerda mucho una escena de una gran película dirigida por Henry Hathaway, Rommel, el zorro del desierto, que ambienta la verdadera historia del mariscal alemán.

En la película, después de investigar concienzudamente, narran exactamente lo que ocurrió con un mariscal que, de ser uno de los niños mimados del régimen por su capacidad militar, cayó misteriosamente en el olvido. Si no la has visto, te la recomiendo.

Resumiendo la escena, Rommel ya estaba implicado en el atentado contra Hitler, y le piden el visto bueno para llevarlo a cabo. Él solicita una última entrevista con el sátrapa para intentar buscar una solución a la marcha de la guerra.

Durante la charla, Rommel le expone la situación real de la guerra con divisiones al este, al oeste y al sur que avanzan implacables hacia Alemania sin que el ejército pueda hacerles frente porque mientras los aliados se fortalecen día a día, ellos se debilitan en la misma proporción.

Hitler le cuenta los grandes planes que tiene con armas demoledoras que están a punto de inventar y que cambiarán el curso de la guerra y bla, bla, bla...

Entonces Rommel le dice: Si. Todo eso está muy bien, pero, ¿Qué hacemos mañana por la mañana?

Ayer asistimos a una puesta en escena similar. El presidente tiene ideas peregrinas para que la hemorragia de parados no lleve al país a un estado comatoso y seque las arterias vitales de la actividad económica. Medidas que se contradicen entre ellas y que si echamos números no cuadran. Para él todo tendrá solución y nadie quedará en la cuneta. Las empresas tendrán crédito y bla, bla, bla... Palabras vanas y falsedad sobre falsedad porque la realidad es tozuda y nos da la razón a diario.

Pero, presidente, ¿Qué hacemos mañana por la mañana con los 3.000, 4.000 ó 5.000 trabajadores que se quedarán sin empleo?

La imagen corresponde a unos siervos de la gleba que encontré en Omerique.

(DISCLAIMER) Nota para gilipollas y personal con cerebro licuado: No estoy comparando a Zapatero con Hitler. En el ejemplo la actitud de uno en la película, me parece similar a la actitud del otro durante su comparecencia en el Congreso. Hitler era un asesino, demente y miserable y Zapatero sólo es un político mediocre y bastante inútil en un país en el que nos importa todo un pimiento. Bajo mi punto de vista no tienen nada que ver el uno con el otro.

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