El grillo Fransito

Hace algo más de un mes, apareció en el suelo de mi cocina. No sé cómo llegó allí porque vivo en un segundo piso y aunque los grillos son de la familia de los saltamontes, dudo mucho que de un salto se plantara en mi casa.

Como no me hacía ningún daño y no cantaba regaeton, lo dejé tranquilo y de vez en cuando, cada dos o tres días me lo encuentro por la casa en algún lugar. Debe ser hembra porque no emite el típico sonido de los grillos que escuchamos en las noches veraniegas en el campo.

Estuve tentando de cogerlo con cuidado y soltarlo en el campo, pero como temí haerle daño, he preferido tenerlo como okupa en la casa. Además vivo junto a un campo de fútbol y terrenos ideales para un grillo, pero con los vendavales que hemos sufrido estos últimos días, creo que la decisión fue acertada y el grillo pudo soportar las inclemencias del tiempo a gusto en algún rincón de mi casa.

Supongo que debe estar bien en la casa, porque tengo siempre las ventanas abiertas y el balcón de par en par y lo tendría muy fácil si quisiera volver a su mundo o al menos intentarlo.

Como aquí en casa la televisión casi nunca está encendida y la música que se escucha, creo que merece la pena, el grillo debe estar en el paraíso. Comida tampoco debe faltarle porque con la de verduras que preparo a lo largo de la semana en potajes, ensaladas, guisos o salsas, siempre le dejo algún resto en alguna esquina y cuando lo voy viendo no parece tener mal aspecto. De modo que debe estar bien alimentado.

A veces paso algún rato observándolo y pienso en cómo debe ser la vida de los grillos, cuya vida es algo más larga que otros insectos, pero no lo veo muy preopado ni por hipotecas, ni por paro, ni por el equipo de fútbol de sus amores, ni por las canalladas que le hacen sus dirigentes. Vive tranquilo, no sé si feliz, pero a su modo de ver la vida, creo que debe sentirse bien.

Quizás pienses que es una chorrada, pero la aparición del grillo me ha estimulado para conocer la vida de estos insectos ortópteros que viven hasta 1 año y que son tremendamente territoriales y agresivos con sus congéneres. Con el paso de los días he descubierto que suele cobijarse debajo del frigorífico y también he notado que en algunos momentos el electrodoméstico emite un sonido que con algo de imaginación parece imitar al canto de los grillos. Quizás sea por esa razón por la que ha elegido ese lugar.

En otra casa que tuve también tuve una experiencia parecida con una libélula. Se hizo un nido en la pared de mi salón y ahí puso los huevos para sus libelulitas. Era una pasada ver como un insecto tan pequeño podía construir con barro una casa tan bien hecha.

Casi nunca nos damos cuenta de la enormidad de vida que comparte nuestro espacio y nuestro hábitat doméstico. Quizás para el grillo yo soy una especie de monstruo o de Dios o algo por el estilo. No sé de que modo percibirán los grillos a los humanos, pero ver a un tío 500 veces más grande deambular a tu lado, debe impresionar bastante.

Quizás nosotros mismos también seamos tan pequeños y vivamos en el cuerpo de alguien mayor y nuestra pequeñez nos impida ver, a pesar de telescopios y demás avances, lo que hay más allá y lo que creemos que es la tierra, el centro de nuestro universo no sea más que una minúscula célula de un riñón de un ser superior, pongamos por caso.


La imagen de un grillo común la encontré en la Wikipedia. Le podría hacer una foto al grillo de mi casa, pero quería maquillarse para la ocasión y no estaba disponible.

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