Caerse del guindo

Tal como dije el otro día, vamos conociendo diariamente hechos que ponen los pelos de punta y que, por sí solos servirían para dedicar todo un blog, pero como, por lo visto, ya nos hemos acostumbrado a que es normal que todo funcione mal: que esos individuos que elegimos para que administren nuestro dinero y nuestros servicios básicos se dediquen a vivir a nuestra costa sin hacer lo más mínimo por las personas que los han elegido; que los monopolios bancarios, telefónicos, etc, nos roben continuamente sin inmutarse; que los especuladores roben a los productores y a los consumidores y se queden con la mayor parte del pastel de todo, nos importa ya todo un pimiento y vivimos una especie de sálvese quien pueda.

Que haya 270.000 sentencias penales por ejecutar y varios cientos de miles más en el apartado civil, es algo que no importa. Da lo mismo. Hoy lo único importante es el pasillo que el Barsa le hará al Madrid por haber ganado la liga.

Iñaki Gabilondo parece que se ha caído del guindo al conocer la noticia. Me ha dado la impresión que este buen hombre estaba viviendo en otro país desde hace años y ahora ha regresado a España. Si no, no lo entiendo.

Ya no es que la justicia sea lenta, es que está absolutamente atascada. La base del Estado de Derecho en España no funciona y sin embargo el país sigue a flote, algo tan enigmático como el propio país en el que vivimos. Cuando la justicia no marcha, todo queda en entredicho. Sobre el papel tienes una serie de derechos que no se cumples nunca porque pasan tantos años hasta que logras ejercer tus derechos que pasas a mejor vida antes de que llegue tu caso. La buena noticia es que si te acusan y eres inocente de algo, no debes preocuparte mucho porque con suerte te mueres antes de que toque tu caso.

En la obra de teatro surrealista que escribí hace algunos años y que puedes leer si quieres aquí, aventuraba como la justicia ante tal descontrol, lentitud e impotencia, sorteaba las sentencias porque se consideraba un sistema más justo que esperar y esperar y esperar hasta el infinito y más allá.

Es todo tan surrealista y tan kafkiano que El Proceso de Kafka es un cuento de hadas.

Gabilondo preguntaba en su vídeo que dónde estaban los presidentes del Gobierno y los ministros de Justicia para que llegáramos a este punto. Es un ingenuo. Yo le contesto: Estaban sentaditos en un sillón, cobrando un sueldo, haciendo demagogia barata y dejando que la bola de nieve en forma de casos y casos y más casos, siguiera rodando sin parar.

Y luego entramos en la petición de responsabilidades, algo que podría servir siempre que los responsables tengan algún tipo de vergüenza, si no la tienen, pedir responsabilidades es tan efectivo como contar los granos de arena de una playa.

Y no me voy a alargar más porque empieza el Madrid - Barsa :-)) Es broma.

La ilustración de El Proceso de Kafka la encontré en Unexxpp.

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