Muerte en la puerta del hospital

El otro día, J.R. me mandó el enlace de una noticia escalofriante que ocurrió a unos cientos de metros de donde yo vivo y que debería servir para analizar el funcionamiento de un sistema que sigue haciendo aguas a pesar de que desde dentro nos digan que vivimos en el país de las maravillas o que una buena parte de medios afines al Gobierno de Canarias o destinatarios de sus favores pretendan silenciarla o ningunearla para que no se entere nadie de cómo se las gasta el servicio canario de salud.

El hecho es tan lamentable y tan trágico que en un sistema decente y que estuviera regido por las más mínimas condiciones de higiene política, merecería una exhaustiva investigación que condujera a dimisiones o ceses fulminantes, pero en Bananaria se vive en otro mundo y mucho me extrañaría que ocurriera algún movimiento en este sentido.

Pero, vayamos a la noticia en sí: El 1 de Diciembre un indigente ucraniano acudió al servicio de urgencias del hospital Negrín de Las Palmas de Gran Canaria que lo atendieron y le dijeron que se fuera a casa, pero como el indigente malvivía en la calle, no tenía casa a donde dirigirse y se quedó a las puertas del hospital donde murió esa misma noche.

La noticia quizás haya que buscarla en por qué no conocimos este hecho 15 días después de que ocurriera y por qué buena parte de medios de canarias omitieron uno de los hechos más lamentables que hemos conocido por estos lares. Probablemente haya que preguntar dónde estaban los servicios sociales aquel día y por qué desde urgencias se le mandó a casa, sabiendo que el pobre hombre terminaría en la calle porque ya vivía en ella.

Los ciudadanos solemos ser muy hipócritas ante estos hechos y pensamos que nunca nos veremos en una situación que nos obligue a vivir en la calle, pero un día los reveses del destino desencadenan una serie de situaciones y te ves sin nada y a expensas de las inclemencias del tiempo durante todo el día y entonces se agradecería enormemente saber que cuando un ciudadano español, perteneciente a un país de la Unión Europea, el sistema tiene los resortes adecuados para ayudarle y que no terminará muriendo como un perro en la calle a las puertas de un hospital.

Aquí tenemos una televisión autonómica que nos cuesta 57 millones de euros (sólo este año) y el anterior gerifalte del Cabildo tiró a la basura, entre otras cosas, 300.000 euros para poner una bandera, cuyo mástil a pocos meses de su inauguración está muriéndose de asco por falta de uso, pero la gente se muere en la calle de frío. Es posible que haya que meditar sobre ello. Al menos, eso creo yo.

Resolver el problema de la indigencia no creo que sea fácil, pero el llegar al extremo de esta noticia debería hacer pensar a quien corresponda que para eso están ahí, para resolver los problemas, no para obviarlos, ningunearlos o dejarlos morir.

La imagen del indigente la encontré en Guardafaro.

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