Civilization IV

Desde hace unos días y cuando tengo algún hueco libre me convierto en Emperador virtual y dirijo los destinos de mi pueblo en el juego de estrategia Civilization IV.

Desde la primera entrega me ha encantado este juego porque combina una serie de factores que a los que nos gusta la estrategia nos mantiene enganchados. No sólo se trata de hacer la guerra para conquistar civilizaciones, tienes que mantener una política equilibrada para mantener contentos y productivos a tus súbditos y establecer buenas relaciones con el resto de civilizaciones para una convivencia pacífica que redunde en un buen intercambio de avances científicos, materias primas o bienes de todo tipo.

En esta cuarta edición, la inteligencia artificial se ha superado y ahora y ya no puedes hacerle la pirula a tus enemigos sin que les quede constancia de tus decisiones.

Ahora en todo momento analizan tu trayectoria a lo largo de los años para establecer acuerdos, romperlos o mantenerlos.

En síntesis comienzas con una unidad rudimentaria, un guerrero en la mayoría de los casos, y mediante los descubrimientos científicos y el desarrollo y mejora del terreno que te ha tocado, debes conseguir la victoria que se puede producir en el ámbito espacial, diplomático, por tiempo o por conquista.

En Civilization IV se ha incluido el Imperio español con una bellísima Isabel la Católica y también se ha cambiado al jefe, jefa en este caso, del Imperio egipcio. El tópicazo de Cleopatra que fue una dirigente más bien mediocre se ha sustituido por una gran líder, la bella Hatshepsut, un faraón-mujer que llevó a los egipcios a uno de sus mejores momentos.

Otra de las novedades es la aparición de grandes científicos y artistas que aceleran la investigación o la creación de maravillas o de rutas comerciales. Con una buena documentación que te enseña lo que hicieron y los hitos a los que llegaron.

La religión tiene también en esta edición una importancia clave para ampliar tu imperio y los misioneros religiosos funcionan como punta de lanza para acceder a nuevas tierras y conquistarlas pacíficamente.

En mi caso, procuro mantenerme al margen de guerras y dedico todos mis recursos a la investigación y desarrollo. Vivo de la venta e intercambio de los avances que consigo y, en la mayoría de los casos, sin disparar ni un solo tiro, consigo ganar sin grandes problemas incluso en los niveles más complicados.

El juego se parece mucho a la historia real: Civilizaciones belicistas frente a civilizaciones pacifistas o no beligerantes. Los momentos claves en el juego se suceden tras el descubrimiento del refino y la persecución de yacimientos de petróleo y el hallazgo del aluminio para el desarrollo de aviones invisibles y blindados modernos. En la era nuclear si eres hábil y construyes con celeridad tu sistema de defensa antimisiles, no debes preocuparte porque te lancen una o mil bombas atómicas.

Si vas de buen rollo, siempre puedes comprar estos bienes si no los tienes a tu alcance, pero también puedes robárselos a otras civilizaciones conquistando sus ciudades y su terreno como hace Bush por ejemplo en Irak. En el juego, para justificar esta agresión basta con romper relaciones con tu presa por cualquier motivo, tal como hizo Bush. Luego te alías con otros cretinos de tu calaña, como hizo Bush con Aznar y lo que es un atraco en toda regla lo puedes justificar con cualquier excusa que te inventes que la trompetería mediática que controlas se encargará de inocular en el resto del mundo.

En definitiva un juego muy real. El próximo año ya se ha anunciado que saldrá la V edición de esta excepcional saga que creó Sid Meier.

La imagen de Hatshepsut la encontré en Civfanatics y se ajusta bastante a la Hatshepsut real tal como puedes compararla con un busto suyo que se encontró en el Valle de los Reyes.

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