El Ermitaño

No sé si te habrás dado cuenta de un detalle que está comenzando a sacar de quicio a cada vez más usuarios de la Red. Día sí y día también salen, aparecen, surgen y emergen novedosas herramientas o sistemas relacionados con ese término tan manido en el mundo del 2.0 que se denomina Red Social.

Ahora, por lo visto lo que mola es tener una legión de seguidores que estén pendientes de tus andanzas y seguir tú a una legión de individuos para saber qué es lo que están haciendo, pensando o viviendo en cada momento.

Aunque no le encuentro mucho sentido, entré en la dinámica de Twitter al comienzo y ahí ando, pero observo como mi lista de seguidores aumenta y aumenta sin cesar. Igual monto una secta un día de estos.

Twitter fue la avanzadilla de cataratas de herramientas que sirven para hacer amigos, para conservarlos y para aumentar su número, pero no han pensado que a muchos precisamente lo que nos interesa sea precisamente lo contrario: pasar lo más desapercibidos posible.

Imagínate que alguien decide irse como eremita a una cueva en unas montañas recónditas a meditar, a pensar o simplemente a permanecer aislado. Supongamos que ese señor tiene un ordenador con conexión a Internet, pero que sólo le interesa conocer las noticias y saber algo de la realidad. Creo que no lo dejarían tranquilo. Cada dos minutos pasaría virtualmente alguien para preguntarle si quiere ser su amigo, si quiere entrar en su camarilla de amiguetes para intercambiar fotos, si quiere ser su colega en el intercambio de vídeos o si quiere seguirle para hablar de las mariposas de Singapur.

¿Es tan importante? ¿De qué me sirve saber que Vladimir Smith de Nebraska ha ido a una pizzería y se ha pedido la de atún con gambas? El pobre Vladimir lo reseña en su Twitter en plan primicia, pero no sabe que el pizzero que le ha hecho la pizza ya nos lo ha comunicado a todos 2 minutos antes en su Twitter, mientras se disponía a servírsela.

¿Es importante saber qué ha comido hoy mi perro? ¿Qué nueva herramienta me he descargado? o ¿si la frutera de la esquina se está dejando bigote?

Hace tiempo que dejé de perder minutos de mi vida en seguir a gente que no conozco y desde que me mandó una invitación Socorrito Rogers, nombre real de alguien cuyo nombre ya da miedo para unirme a su red social, pensé que las cosas habían llegado demasiado lejos y prefiero ir por Internet completamente asilvestrado o viviendo en una cueva virtual sin que me molesten mucho.

Ya tengo suficiente con bajar de vez en cuando a los infiernos de My Spaces, uno de los inframundos de la red, donde curiosamente viven los músicos. Cada página es un aquelarre de músicas, sonidos extraños, imágenes imposibles. Lo normal es encontrarte en una de esas páginas con pantallas interminables de 30 a 40 reproductores de música y vídeo que a veces suenan todos a la vez y para enterarte de algo, debes ir parándolos uno a uno. Encuentras verdaderas maravillas, pero es complicado encontrar lo que buscas.

No sé si en esto del 2.0 se le habrá ocurrido a alguien crear una herramienta para no tener amigos, para que no te metan en mil redes absurdas que hacen cosas absolutamente prescindibles. Si no es así, creo que sería hora de ponerla en marcha.

Compadezco a Roberto Carlos, el cantante brasileño que quería tener un millón de amigos. No sé como le irá con tanta gente a quien atender. Yo me conformo con tener tres o cuatro y atenderlos bien que un millón a los que no conozco ni llegaré a conocer nunca.

La imagen del Ermitaño en el Tarot la encontré en Iván del Río.

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