Visita al tanatorio

Tengo una agendita en donde escribo en dos líneas los artículos que quiero escribir en el blog y tenía pendiente escribir sobre mi visita al tanatorio que hay aquí en Las Palmas. Fui a acompañar a una amiga que iba mostrar sus condolencias a una compañera de trabajo por el fallecimiento de su padre.

Como no tenía nada que ver con la familia, me quedé al margen y empleé el tiempo en observarlo todo.

Cuando pensé en escribir estas líneas me vino a la mente la frase de la cabecera de Toño de La Fragua, "Estrategias para aceptar la muerte. Pensamiento absurdo. Política en sentido griego. Cuidado de uno mismo."

No sé si he evolucionado a mejor o a peor, pero la muerte no me parece algo tan malo. Y si nos atenemos a la programación de las televisiones, llegar a ese punto, supone incluso un alivio.

Creo que es más provechoso disfrutar del tiempo que estemos en este mundo que preocuparse del otro, un estado del que nadie sabe nada, aunque creo que es lo más parecido que existe a la nada.

No voy a entrar en disquisiciones religiosas. Simplemente en el hecho físico de que un día cierras los ojos y te duermes y ya no vuelves a despertar.

El Tanatorio me pareció un lugar acogedor. A pesar de que la gente suele ir allí para acompañar a familiares o amigos en circunstancias luctuosas, note cierta paz y sosiego en los semblantes de quienes se tropezaban conmigo. Quizás influyó el hecho de que aquella noche los finados eran todos mayores y por ley de vida, su fallecimiento es más previsible. Supongo que en los velatorios de niños o personas jóvenes, será otra cosa.

Una de las estancias que más me gustó fue la que denominan, Oratorio: una especie de capilla minimalista muy conseguida con imágenes pintadas en las paredes bellísimas de estampas bíblicas. Me senté durante unos minutos en un cómodo banco y respiré mucha paz.

Tengo a medio escribir un relato o cuento en el que un hombre se dedica a preparar a los demás para su muerte. Escribí unas cuantas líneas y lo tengo ahí reposando. No sé si lo retomaré, pero creo que es un buen punto de partida. A veces se me ocurren cosas. Escribo dos o tres líneas y las dejo reposar un tiempo a ver si se sostienen. Si veo que funcionan sigo y si no, se van directas a la papelera.

Te dejo con un fragmento de El Sentido de la vida de Monty Python sobre la muerte: Una hilarante forma de desmitificar algo excesivamente mitificado.





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