La crisis entre Arabia Saudí y Qatar lleva a Oriente Medio a un nuevo e imprevisible escenario en la geopolítica internacional

Este lunes nos hemos encontrado para desayunar con una noticia que se ido ampliando a lo largo del día y que implica a las dos principales potencias del Golfo Pérsico. Por un lado Arabia Saudí, y por el otro Qatar. La primera acusa a la segunda de estar financiando el terrorismo, algo que también hacen los sauditas. 

Para que lo entiendas es como si Jack el destripador va a una comisaria a denunciar que hay alguien que está destripando a gente por las calles. Te sonará surrealista y quizás cómico, pero la analogía es perfecta. O como leí a alguien en Twitter sería como si Hitler acusara de Goebbles de ser nazi. Algo similar. 

Como sé que sabes usar Google y puedes a golpe de click informarte sobre la historia de Qatar y los hechos que han llevado a la situación en la que estamos inmersos, me limitaré a darte mi opinión y mi punto de vista acerca de lo que está ocurriendo:

A nadie con dos dedos de frente y medianamente informado se le escapa que tanto Arabia Saudí como Qatar y el resto de las petromonarquías del Golfo están financiando, apadrinando y expandiendo el salafismo, el tafkirismo y la corriente más rigorista del islam. Hermanos Musulmanes, Al Qaeda, Boko Haram, talibanes, etc, son sus peones en los países que controlan, algo que las potencias occidentales veían, supervisaban en muchos casos y hacían la vista gorda porque no les afectaba a sus territorios, pero ahora han ido más allá y están atacando con mucha virulencia en Occidente y es hora de pararles los pies y lo que estamos viendo estos días con Qatar es el primer capítulo de toda la historia que queda por venir.

Arabia Saudí tiene inmensas reservas de petróleo, pero como hemos visto en Yemen, su ejército es bastante mejorable y no puede con unos desarrapados houthis que combaten descalzos o con chanclas. Es su Vietnam. Una guerra que no se puede ganar militarmente tal como nos han mostrado los últimos 100 años de continuas guerras en la península Arábiga. Para intentar desequilibrar el conflicto los saudíes se están gastando ingentes cantidades de dinero en armas, como por ejemplo el último contrato con la Administración Trump de hace unos días. El crudo no repunta y sigue sin alcanzar los 50 dólares el barril y con un déficit desatado por encima del 15% anual, no hay economía que lo resista durante muchos años. 

Arabia Saudí tiene también un par de problemas muy graves en el ámbito social: La mayoría de su población vive del salario que les da el Estado y la monarquía saudí depende de que ese salario llegue puntualmente cada mes a la mayoría de sus ciudadanos. Con las arcas en horas bajas, llegará un momento que no podrán hacer frente a este cuantioso presupuesto y sin dinero, las revueltas sociales serán bastante virulentas. Mucho más en su tercio sur, donde hay mayorías chiítas.

A pesar de haber sido aconsejados para no meterse en Yemen y limitar su apoyo al terrorismo internacional, han preferido seguir adelante y, bajo mi punto de vista, USA, UK y el resto de Occidente les está dejando cocerse a fuego lento en su propia salsa mientras tengan dinero y solvencia para seguir comprándoles armas. Cuando los fondos lo impidan, llegará su fin.

Qatar es un caso similar, aunque con algunas diferencias. Han coqueteado en exceso con demasiados grupos terroristas y, a pesar de ser sunitas, se han acercado demasiado a Irán, hecho que ha desencadenado los acontecimientos en los que estamos ahora inmersos. Qatar administra junto a Irán el mayor yacimiento de gas y está en juego el gasoducto que llevará ese gas a Europa, algo por lo que muy probablemente se desató la guerra en Siria. 

Qatar ha estado en medio de todas las negociaciones con las formaciones terroristas sunitas de los últimos años y alberga en su país a la cabeza de Hamas y ve con muy buenos ojos a los Hermanos Musulmanes, organizaciones que han extendido el terrorismo por las zonas que controlan. Arabia Saudí ha utilizado estos vínculos para argumentar sus acusaciones, aunque omiten que ellos mismo financian y dan soporte a la mayoría de ramas de Al Qaeda y al ISIS.

Supongo que Arabia Saudí le ha visto las orejas al lobo, como se dije coloquialmente y ha pensado que mejor que reconocer su error, es entregar a un enemigo y el elegido ha sido Qatar, aunque en este punto, Qatar cuenta con la ayuda de Turquía, muy ligada ahora a los Hermanos Musulmanes y a Irán. Las superpotencias no se sabe si tomarán partido, pero quizás lo más adecuado sea esperar que se vayan devorando unos y otros. Con el paso del tiempo y con un conflicto entre ellos, se eliminan dos países conflictivos de la ecuación de Oriente Medio e incluso más si entran el resto de países del Consejo de Cooperación del Golfo a apoyar a uno u otro, Egipto y Turquía. 

En condiciones normales es de suponer que como ya ocurrió hace no muchos años, las aguas vuelvan
a su cauce y todo vuelva a calmarse, pero también tenemos un nuevo actor en escena, Donald Trump que ya ha advertido que no va a tolerar el apoyo al terrorismo. A Arabia Saudí ya la está dejando cocerse a fuego lento en su propia salsa y quizás hagan lo mismo con Qatar. 

Cuando el conflicto, si llega a iniciarse, entre en su fase crítica, sólo es necesario intervenir ocupar los dos países, quedarse administrando sus riquezas y bajo mandato de la OTAN o de los propios ocupantes, destinar los beneficios a la reconstrucción de todos los países que la deriva fundamentalista de Qatar y de Arabia Saudí ha destruído por todo el mundo. La opinión pública en este caso no haría más que aplaudir todas estas medidas porque, de un modo u otro cualquier ciudadano ha sido castigado por el terror salafista directa o indirectamente. 

De lo que sí estoy absolutamente seguro es de que no habría derramamiento de muchas lágrimas en el caso de una guerra entre Qatar y Arabia Saudí, la animadversión que han despertado con su expansión salafista bárbara, dudo mucho que encuentre muchas simpatías, a no ser que las consigan a golpe de talonario. Esa es la última bala que les queda todavía en la chequera para evitar su debacle o su final.

En el ámbito económico no ha habido muchos quebrantos ni para el crudo Texas ni para el gas natural. Una jornada más o menos normal, aunque en Qatar la Bolsa se ha dejado un 8%.

En geopolítica y mucho más en Oriente Medio, los acontecimientos se suceden a un ritmo vertiginosos y veremos muchos cambios de opinión y de rumbo en toda esta crisis, pero no me cabe duda de que, ocurra lo que ocurra, el escenario que nos encontraremos ya va a ser absolutamente diferente al que nos enfrentamos hace unas semanas.

Estoy seguro de que con el paso de las horas, los días y las semanas, asistiremos a muchas nuevas variables y la entrada en escena de nuevos actores que, con toda probabilidad echarán por tierra cualquier vaticinio, análisis o punto de vista que ahora podamos emitir, pero así es el mundo de la geopolítica, tan rico, surrealista, entretenido o bárbaro como los protagonistas lo quieran desarrollar. 

Las imagenes de las banderas de Qatar y Arabia Saudí, la infraestructura gasística en Qatar y la bandera de los Hermanos Musulmanes las encontré en Google.

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