Zapatero se resiste a irse a pesar de la debacle electoral del 22M. Este fin de semana primer capítulo de la sucesión

El desastre sin paliativos del PSOE el pasado domingo 22 de Mayo de 2011 en las Elecciones Municipales y Autonómicas tiene visos de ser sólo el comienzo de una catástrofe todavía mayor para una de las principales formaciones políticas de nuestro país.

Zapatero, como la hidra de siete cabezas, se resiste a comprender que él es un lastre para su partido y el resto de militantes intentan por todos los medios cortar la cuerda del que se sigue obstinando en caer en el abismo arrastrándolos a todos.

No es que me importe mucho lo que le ocurra el PSOE, al PP o a cualquiera de esas agrupaciones de chantajistas regionales que, desgraciadamente, son los que deciden sobre nuestro presente y futuro, pero reconozco que la inestabilidad en una de esas formaciones no hace más que complicar todavía la delicada situación a la que nos enfrentamos.

Desde el pasado 22 de Mayo veo a Zapatero como un hombre lobo, un vampiro o un zombie, al que el resto de sus allegados deben enfrentarse para acabar definitivamente con él, si no quieren terminar al fondo del precipicio, lugar al que se encamina con una predisposición casi psicopática.

Bram Stocker en su historia sobre Drácula, incluso en el peor de los escenarios, ofrecía una solución drástica para evitar que el vampiro consiguiera salirse con la suya. En este famoso relato, la estaca de madera clavada en el corazón era mano de santo y zanjaba el problema de raiz. Lo complicado del caso era elegir al candidato que se acercara al vampiro con la estaca en el martillo y finiquitara el problema clavándosela en el corazón.

La tradición medieval nos regaló otro de esos personajes con los que podríamos comparar ahora mismo a Zapatero, el hombre lobo. Relatos más modernos nos cuentan la fórmula para acabar definitivamente con un licántropo, la certera bala de plata en el corazón. Un disparo permite mantenerse más o menos a salvo y a distancia para llevarlo a cabo, pero hay que acercarse también a corta distancia para no errar el tiro.

De las regiones donde se practica el vudú nos llega también la figura del zombi o zombie, como dicen los ingleses, engendro que revive después de muerto con las facultades mentales gravemente dañadas y cuya única obsesión es alimentarse de los cerebros de otros humanos que todavía no se han convertido. En esta leyenda quizás sería en la que más podría asemejarse la figura de Zapatero, porque, en la mayor parte de las historia, un familiar o amigo se convierte en zombie y las únicas dos opciones son o dejar que nos muerda y convertirnos en zombies, o acabar con él y mantenernos a salvo.

Todo el PSOE sabe que si quieren sobrevivir tienen que acabar con ZP usando la estaca de madera, la bala de plata o el bate de beisbol en la cabeza para acabar con su enemigo, según la metáfora que más les guste. Al pertenecer a su especie y a su casta, tomar la decisión es dura, pero no queda otro remedio. Todo su futuro depende de ello.

Zapatero un año más en el Gobierno y como presidente del partido puede laminar todavía más las pocas espectativas de voto que mantienen y encaminar a esta formación al ostracismo durante una década o incluso todavía más.

Vamos a vivir unos meses apasionantes hasta conocer si deciden finiquitar de una vez el grave problema que tienen por delante o dan un paso al frente y acuerdan convertirse todos en zombis o muertos vivientes, como en la serie The Walking Dead recientemente estrenada.

Quizás para el Congreso, las primarias o lo que al final decidan, les venga bien ambientarse con esta obra maestra sobre zombies de Michael Jackson, con producción de Quincy Jones, compuesta por Rod Temperton y dirigida por John Landis:



Actualización: La ministra de Defensa Carme Chacón, ha anunciado que no se presentará a las primarias del PSOE. Dicho de otro modo, que no asistirá a la fiesta de los zombies que han preparado.

La imagen la encontré en El Rincón de los pecados anhelados.

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