El Gobierno echa al director del CNI para que no siga avergonzándolos

Seguramente te habrás enterado de la noticia del puntapié que le han dado al director del CNI, jefe de los servicios secretos españoles, por aprovecharse de su cargo en beneficio propio, por cutre, por chapuzas y porque el diario El Mundo ya tenía avanzados los agujeros en el madero con el que tenía intención de crucificarlo públicamente.

Para que parezca que vivimos en un país normal, en una democracia típica y en una administración pulcra, digna e inmaculada, han recauchutado la noticia y la han hecho pasar como que el coleguita ha dimitido por propia iniciativa. Algo que resulta difícil de creer, entre otras cosas porque ya tenían preparado su sustituto.

Lo de las patatas es lo que más gracia me hace. Compraba la cosecha de patatas a un familiar y después la regalaba o vendía. El traslado desde Galicia de los tubérculos, por supuesto, se hacía con medios y personal del CNI.

Seguramente conocerás la chapuza que hicieron con una foto del curioso personaje pescando en África. Tampoco hay que añadir mucho más.

Y quién era Alberto Saiz, aparte de jeta. Pues curiosamente era Ingeniero Agrónomo. Nombrar a un Ingeniero Agrónomo al frente de los Servicios Secretos es como nombrar a un filólogo como director de una central nuclear, pero como todo este rollo va de política y en política si te arrimas al mediocre adecuado, cultivas la mediocridad y eres dúctil, manso y servil, puedes alcanzar cualquier meta que te propongas.

El sustituto de Saiz es militar de carrera. Es General, de modo que supongo que sabrá algo más de temas militares y de espionaje, aunque lamentablemente, me temo que la industria patatera ya no podrá contar con los inestimables servicios del CNI. ¡Una verdadera lástima!

El otro partido de la coalición, el PP, también tiene sus muertos escondidos en el armario, pero siguen resistiéndose como gatos panza arriba. El caso de Bárcenas llama la atención sobre todos ellos, pero en Canarias su presidente, José Manuel Soria, sigue de funambulista judicial y en cualquier momento le puede fallar el palo con el que consigue mantenerse en el aire sobre un fino hilo y el peso de tantos expedientes está empezando a tensar la cuerda.

Al final todos los casos terminan igual. El interfecto se pasea un tiempo indeterminado por los juzgados, el caso se olvida y puede continuar su plácida vida con todo lo que ha conseguido a costa del ciudadano y a por otra cosa, mariposa.

Todos estos casos de corrupción, presunta corrupción o actuaciones excesivamente sospechosas de estar aprovechando el cargo para enriquecerse son tan cutres, tan evidentes, tan surrealistas y tan anormales que creo que todos estos señores están pagados con un fondo especial de los servicios secretos de los humoristas gráficos para que actúen de forma tan cutre con el fin de poder luego dibujar viñetas.

Tengo que preguntárselo a J.R. Mora, pero seguro que me lo negará, porque son fondos secretos y no quieren que nadie se entere. Pero casos como el de Roldán, Bárcenas o el Photoshop y las patatas de Saiz me cuesta creer que no formen parte de un guión preestablecido para hacer mofa de ellos y que se trate solamente de comportamientos espontáneos de los propios sujetos.

Para ilustrar estas líneas estuve buscando un saco de patatas, pero no encontré ninguno que me convenciera, de modo que tendrás que conformarte con este saco de cebollas que encontré en Solpapas.

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