Mañana será otro día

Este fin de semana me lo he tomado con mucha calma. Me impuse el viernes la tarea de no leer diarios, escuchar informativos o echarle un ojo a las ediciones digitales, pero no sirve porque las malas noticias luchan por salir y llevamos unos cuantos fines de semana como para encerrarse en un agujero y no volver a salir.

El domingo por la tarde estuve a punto de comprar un diario, pero lo pensé mejor: ¿Para qué voy a comprar una fuente de noticias que tiene información de ayer, y en algunos casos, del viernes o incluso del jueves.

¿Por la opinión y los análisis? Ya se de qué pie cojea cada uno y sin leerlos, podría decirte lo que opinan sus columnistas sobre un tema de actualidad.

Esperé hasta esta mañana para empezar a leer los desastres cotidianos.

Un escritor norteamericano, del que ahora no recuerdo su nombre, expresó brillantemente la situación que vive en ciertos momentos un hombre. Dijo que cada 24 horas, un ser humano tiene ocho horas de descanso para mitigar el dolor de vivir, pero que supone sólo un paliativo, el verdadero remedio es la muerte.

Son de esas frases lapidarias que piensan o expresan personas que están hartos de todo y de todos, pero la situación que estamos viviendo de hartazgo de calamidades en todos los sentidos, viene en parte a darle la razón al autor de la sentencia.

Llevo todo el día pensando en escribir algo con algún sentido que me sirva para sacar de mi interior la repulsión que siento por todo lo que está pasando: paro, crisis, muertos en pateras, gilipolleces de políticos, más gilipolleces de políticos, despilfarros absurdos, más despilfarros absurdos, corrupción al por mayor, desidia, injusticias y sobre todas las cosas crueldad a manos llenas contra los desfavorecidos.

Vaya, vaya, he escrito un post sin decir prácticamente nada. Pero las palabras iban surgiendo en la pantalla, salían de forma fluida y libremente y no era cuestión de pararlas, no fuera que se traumatizaran.

La imagen corresponde a un fragmento del Jardín de las delicias de El Bosco dedicado al infierno. Un infierno, bastante placentero, por lo que veo, porque no hay ninguna televisión sintonizada con Antena 3, Telecinco o el órgano de analfabetización, nepotismo y despilfarro del Gobierno de Canarias. Supongo que estarán en las salas de castigos especiales que no se ven en el cuadro.

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