Marujerío real

No pensaba escribir nada al respecto porque me sigue pareciendo un tema que me resbala completamente.

La Familia Real me importa un pimiento y por lo tanto lo que diga cualquiera de sus miembros a los que tenemos que soportar y aguantar sin haberlos elegido merced a ese truco que se sacaron de la chistera en la transición para legitimizar con la aprobación de una Constitución con bicho dentro y de rondón al sucesor de un dictador miserable y nauseabundo.

Pero como no me gusta postear dos ediciones de podcast seguidas en el blog y aprovechando la ocasión pues no ha dejado de venirme bien como post intermedio.

En primer lugar la reina como cualquier ciudadano español tiene derecho a opinar libremente sobre lo que quiera y como quiera de modo que si le parece bien o mal tal o cual cosa, está en su derecho de expresarlo libremente como tú o como yo.

El que la institución monárquica me siga pareciendo un anacronismo absurdo de estos tiempos tan surrealistas que nos ha tocado vivir, no quita para que piense que la reina tiene derecho a decir y a opinar lo que le parezca y la autora del libro a escribirlo.

Si una persona piensa que los niños deben aprender religión para entender el origen del mundo, lo dice todo de ella. ¿Dice en algún momento del libro que la ciencia hay que estudiarla en el programa Cuarto Milenio de Iker Jiménez?

A Pilar Urbano no suelo leerla de modo que no leeré su libro. Esperaré a leer las reseñas en la prensa marujienta mientras hago turno en la peluquería. A más no creo que llegue.

La salida de tiesto del Gabinete de Prensa de la Zarzuela al intentar justificar lo que no tendrían que justificar, me parece grotesco. Ese modo de obrar políticamente correcto para intentar contentar a todas las minorías y mayorías al mismo tiempo resulta penoso.

La buena noticia que se desprende de toda esta historia es que las marujas al menos leerán un libro gracias a la publicidad que se ha hecho en todos los programas marujientos ad hoc. Las más aplicadas, después de todo esto, habrán leído dos: El Código Da Vinci y el que nos ocupa.

Yo seguiré preocupándome de la reina que verdaderamente me importa que es la que está junto al rey cuando juego al ajedrez. Las otras me la traen al pairo.

J.R. Mora también opina al respecto de este cúmulo de estupideces e insensateces. Y como ha dibujado una caricatura sobre la interfecta, pues esa es la imagen que he elegido para ilustras estas líneas.

2 comentarios: