El club de los blogs muertos

Hace unos cuantos años Internet era un conjunto de páginas estáticas a las que podías acceder y que eran poco más que meros escaparates de lo que hacían empresas, particulares, colectivos, etc. Alguien encargaba o se creaba una web, la dejaba ahí y con el paso del tiempo permanecía estática y cogiendo polvo sin que nadie la modificara.

Con los blogs y otro tipo de aplicaciones esto ha cambiado y ahora la renovación de los contenidos es casi diario, pero sólo en algunos casos. No sé si te habrás dado cuenta de la cantidad de blogs abandonados que se mueren de asco en la Red sin que nadie les haga caso, sin que nadie los visite y que sólo reciben alguna visita de gente que llega allí por los azares del destino o por algún enlace perdido en alguna parte.

Los millones de blogs abandonados son el reflejo exacto de una sociedad que vive el presente por encima de todo. Ya me imagino la escena: alguien decide iniciar un blog con la pretensión de conseguir millones de visitas en una semana, popularidad, poder, dinero, etc y si a la semana no lo consigue lo abandona.

La moda de tener un blog que nos invadió hace un tiempo también tuvo mucho que ver. El resultado son millones de bitácoras abandonadas. Cuando circulo por la carretera tengo cuidado para no atropellar a algún pobre blog que fue abandonado en la cuneta por su dueño igual que hacen con los perros cuando ya no les hacen gracia.

Creo que las posibilidades que nos ofrecen los blogs para expresar con inmediatez nuestras impresiones, nuestras críticas, denuncias, reconocimientos o reflexiones sobre lo que nos va sucediendo a lo largo de la vida constituyen una herramienta magnífica que va más allá de tener más o menos visitas, de ser reconocido o de convertirte en el gurú, el Papá o el santón bloguero de turno.

Escribir un blog y contar a los cuatro vientos lo que te va surgiendo es gratificante, pero también creo que supone crear un hábito, una dinámica que no te ate como una maldición a las continuas actualizaciones, pero creo que si decides empezar algo, es mejor pensárselo y si no estás dispuesto a continuar, mejor no escribir la primera línea. Pero cada cual es libre de hacer lo que crea conveniente con su vida y con su blog.

Otra gran obstáculo que se encuentran los que se acercan a los blogs como autores es la ortografía. Si dieran premios a los blogs con más faltas de ortografía, habría muchísima competencia, pero como en todo, es básico conocer y manejar las herramientas para llevar algo a cabo. Lo básico para escribir un blog es saber escribir correctamente o salvar con correctores los errores.

Si quieres dedicarte a escalar montañas, como mínimo deberás empezar por conocer los fundamentos básicos de la escalada. Si te dedicas al tenis, deberías conocer también como mínimo qué ocurre cuando le das a la pelota con la raqueta de una forma u otra. Con los blogs ocurre lo mismo.

Pero con los blogs ocurre algo curioso: un buen montón de gente a la que no le gusta leer, se embarcan en una aventura para escribir. Con el tiempo, descubren que tener un blog mola, pero no mola actualizarlo y comienzan a echar mano del copy & paste. Y la blogosfera se llena de millones de entradas similares, cuando no idénticas.

Ensaladas de plagios y macedonias de copypastes, con algunas excepciones es la cruda realidad de la blogosfera hoy. No obstante aquellos que tienen algo que decir y que lo dicen o lo expresan con originalidad o nuevos enfoques tienen todas las de ganar en esta lucha por la supervivencia darwiniana en la que la mortalidad creciente beneficia a los más dotados.

J. R. me dijo una vez, y tiene toda la razón, que él quería protagonizar el crack de los blogs, no el boom. Cuando llegue el crack y los blogs pastel dejen de existir, los blogs propiamente dichos y con contenido real, serán los que nos sirvan de referencia.

No abandones tu blog, él nunca lo haría.

La imagen del bloggero escribiendo la encontré en Tecnocosas.

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