La subvención a caseros nauseabundos

Érase una vez un país donde gran parte de su juventud no podía independizarse de sus padres porque los salarios basura, las condiciones leoninas de los contratos, cuando los había, y los prohibitivos precios de los alquileres impedían acceder a una vivienda digna.

Un simpático gobierno decidió resolver esta situación ofreciendo una subvención de 210 euros al mes a aquellos jóvenes valientes que decidieran irse de casa. Los no tan jóvenes, tendrían que fastidiarse y probar suerte en las quinielas porque por edad no les correspondía la subvención.

En el país de Rinconete y Cortadillo y de los pícaros, los caseros inmundos y miserables subieron 210 euros el alquiler de sus viviendas, de modo que, después de la puesta en marcha de la medida, siguen las cosas igual que antes para los que tienen derecho a la subvención y peor para los que no la tienen por edad.

Los caseros infames y miserables se meten cada mes en el bolsillo 210 euros y aquí paz y después gloria.

También en un país de gente imaginativa, las vueltas de tuerca para sacar tajada de la subvención del Gobierno, sabía que darían mucho de sí. La vida es una sucesión de sucesos que se suceden sucesivamente, como leí no sé donde.

Está claro que en un colectivo tan amplio, habrá caseros honestos, legales y dignos de todos los respetos, pero, por lo que voy escuchando, comienzan a ser especie protegida o en vías de extinción por su rareza y/o escasez.

El arte de cambiar las cosas para que todo siga como está o incluso empeore.

La imagen pertenece al cuadro Pícaros comiendo de Murillo. También se conoce esta obra con el nombre de Niños comiendo melón y uvas.

8 comentarios: