Una de las historias más tristes que he escuchado

En alguna ocasión lo he comentado, pero si te acabas de incorporar al blog y no has tenido ocasión de leerlo, lo comento una vez más. Me gusta la radio, tanto hacerla en Radio Esperantia como escucharla a todas horas. No veo la televisión, pero me paso el día con la compañía de algún programa que me interese. Desde hace tiempo como la programación musical de las emisoras convencionales es bastante flojita por usar un término bondadoso, busco entre los diferentes magazine que ofrecen las distintas emisoras y voy saltando de una a otra, según me interese o no el tema. 

El otro día estaba en el coche y escuché una historia triste donde las haya. Perfectamente entraría entre las cinco o diez historias más tristes que he escuchado a través de la radio. Si quieres que te sea sincero, no recuerdo exactamente la emisora en la que informaban del hecho porque, tal como te he comentado, me paso el día cambiando de canal y rara vez me quedo con un fijo.

Pero, vamos al tema que se las trae: El locutor contaba que una señora de una ciudad del norte de España, creo recordar que era Zamora, con un hijo de 9 años, ya había sido más o menos deshauciada por los médicos que le daban entre 2 meses o a lo sumo 1 año de vida. El problema venía porque estaban pasando una situación crítica y la mujer solicitaba que le pagaran el entierro porque tal como estaba su situación familiar no podía y no quería traspasarles ese gasto adicional a su familia. Había acudido a ayuntamientos y servicios sociales, pero le había ocurrido lo de siempre, le daban largas y largas y estaba desesperada. Una vez planteado el caso, el locutor llamó a la señora y estuvo dialogando con ella por teléfono y me impresionó su entereza y la forma de encarar el tema que mostraba, algo que en sus circunstancias, sonaba todavía más trágico. 

No entró mucho en detalles sobre como habían llegado a esa situación de penuria económica, aunque supongo que será una más de las miles de familias que la crisis, la corrupción política y la sinrazón habrá encaminado al ostracismo, a la pobreza y a la nada. 

Casi terminada la conversación, creo recordar que el locutor mencionó que habían llamado dos personas que estaban dispuestas a encargarse de los gastos de su entierro, aunque no sé exactamente cómo ha evolucionado el tema. Lo trágico de todo es que la pobre mujer se alegraba de que hubieran aparecido personajes anónimos que accedieran a su deseo que no era otro que le pagaran el entierro.  Una historia que, como ves, no tiene final feliz, aunque por las muestras de agradecimiento de la mujer, daba la impresión de que había conseguido un gran regalo, su entierro.

Resulta chocando observar como van cambiando las ilusiones de cada persona en diferentes tipos de circunstancias. La única ilusión que tenía esta mujer era que su familia no tuviera que cargar con los gastos de su entierro para no agravar su ya difícil situación. Estuve pensando sobre ello y comprendí algunas cosas. 

La imagen corresponde a la obra Mujer y Esqueleto del pintor surrealista belga Paul Delvaux. Si estás en Madrid a partir del 24 de Febrero de 2015, eres un afortunado porque se inaugura una exposición sobre él en el Museo Thyssen Bornemisza. Si tienes ocasión no pierdas la oportunidad.