Comienza el primer asalto para derribar a Baltasar Garzón

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón está atravesando el trance más delicado de lo que lleva de carrera. Según todas las informaciones en un par de semanas sabremos si se le aparta de su cargo o todo sigue como hasta ahora.

Llevo unos cuantos días leyendo opiniones e informaciones sobre este caso y, poco a poco voy aclarándome. A menudo, según dicen, los árboles no te dejan ver el bosque y para empezar a delimitar algo la vegetación, lo mejor es obviar todas las informaciones a favor y en contra, pasar de puntillas por las opiniones de los fanboys de uno y otro bando e ir al grano lisa y llanamente.

Siempre he creído que Baltasar Garzón ha sido y es un juez voluntarioso, pero nunca he pensado ni que fuera tan malo como decían algunos o tan bueno como proclamaban los otros. Ha sido un juez bastante mediático, eso es cierto, pero lógicamente, los jueces de la Audiencia Nacional, al dedicarse a delitos más mediáticos, suelen estar casi a diario en el candelero.

Empecemos: El Tribunal Supremo está tratando el caso de la separación del juez de su cargo por el supuesto delito de prevaricación al investigar crímenes del franquismo, sin tener competencias.

España debe ser el único país del mundo que no juzga a sus criminales de guerra. Toda la sangría que se desató durante la guerra y posteriormente ha quedado impune y sus autores han seguido viviendo tranquilos hasta su muerte.

Otros países como Alemania o Italia o Francia han seguido investigando y llevando ante los tribunales a sus criminales de guerra. Claro que esos países tienen un sistema democrático y pueden permitírselo. Nosotros cuando llegue la democracia quizás podamos soñar con ese tipo de derechos.

Lo que tenemos ahora mismo es un sistema como el que teníamos antes, pero con una ligera capa de pintura democrática que al menor desliz se cae y deja a las claras de que está hecho el sistema.

No hay división de poderes. Son los políticos los que los nombran a su gusto y los políticos que salen elegidos tras esa pantomima llamada elecciones, llegan ahí instalados en una secta en la que no se puede mover nadie si no quiere suicidarse.

Recuerdo cuando Garzón intentó enjuiciar a la basura de Pinochet. Se le escapó por muy poquito, pero al menos lo intentó y es una de las medidas que más me gustaron de él.

Con los crímenes del franquismo ha ocurrido algo parecido. Nadie ha querido investigar, enjuiciar, buscar la verdad sobre nada. Un tupido velo cayó sobre todos los culpables con la famosa Ley de Amnistía de la transición. El hecho de que un juez haya querido empezar a investigar ya es una gran noticia, mala para aquellos que tienen algo que esconder y que por eso están intentando enterrar a Garzón.

En este caso, creo que nuestro país, si se aparta de la carrera a Garzón, hará un ridículo espantoso porque no queda muy bien ante la opinión internacional que se liquide a un juez por querer investigar la verdad y desenmascarar a asesinos y miserables.

Este caso para mí está claro. El Tribunal Supremo, no obstante tiene sobre la mesa el segundo de los expedientes contra Garzón en el que creo que es culpable. Se trata del caso del Banco de Santander, en el que recibió dinero de Botín, como se ha comprobado, y luego fue el juez encargado de un caso que protagonizaba el propio banco. Garzón le dio carpetazo al asunto. En este caso tendrá más complicada su defensa, pero en el que nos ocupa ahora, no veo ninguna culpabilidad en todo el asunto. Todo lo contrario.

La imagen de Baltasar Garzón la encontré en Biografías y Vidas.

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