Casquería emocional

En estos días de pena, de dolor y de estupefacción por lo sucedido en el accidente de Barajas tengo que decirte y asegurarte que no todos los periodistas somos así. Algunos no nos recreamos con el dolor ajeno ni hurgamos en la tragedia.

Sólo los carroñeros usan esas mezquinas prácticas para obtener algo de audiencia. Me gustaría que supieras diferenciar claramente a unos de otros para no meternos a todos en el mismo saco.

La realidad ha sido dantesca, no sólo por la magnitud de la tragedia sino también por el comportamiento vomitivo de los que se dicen periodistas. Como el juez prohibió expresamente publicar fotos y vídeos de la casquería del accidente, los miserables se centraron en la casquería emocional y enviaron a sus aves carroñeras a la caza de la imagen del dolor, de la desesperación de los pobres familiares a ver si conseguían su trofeo: lágrimas, desmayos, alaridos de dolor.

Ayer no vi nada en la televisión. Me negaba a seguir contemplando como unos desalmados sin sensibilidad, ni tacto, ni corazón, ni entrañas convierten una tragedia en un circo mediático.

Tal como dije en mi anterior artículo, no sé qué aporta, informativamente hablando, ver llorar o estremecerse de dolor a una persona que ha perdido a 1, 2, 3 ó 4 miembros de una misma familia.

Creo que estos son momentos tan sólo para dar todo el apoyo sin límites a cada uno de los familiares para intentar paliar en la medida de lo que se pueda su inmenso dolor, solidarizarse con todos ellos y mostrar un respeto inmenso por la situación extrema que están viviendo.

También es el momento de dejar trabajar tranquilamente a los expertos que son los encargados de averiguar lo que realmente ocurrió para evitar que sucedan hechos de este tipo en el futuro.

No creo que tampoco sea el momento de jugar a las hipótesis, las conjeturas, las elucubraciones sin tener ningún dato fiable. Como yo no soy experto en aviación civil, ni en ingeniería aeronáutica ni nada parecido, no sé lo que pasó y no me aventuro a especular con las causas. Hay expertos que ya se están encargando de ello.

He leído y escuchado estos días hasta la saciedad decir que el avión tenía una avería grave y que, sabiéndolo el piloto, se le obligó a volar. ¿Se han vuelto todos locos? ¿Ha bajado el coeficiente intelectual de los seres humanos tanto en los últimos tiempos que se puede llegar a pensar eso?

El piloto iba en ese avión y es el principal interesado en su propia vida y como responsable de todos los pasajeros, no me cabe en la cabeza nada de eso. La compañía tampoco creo que piense que es una buena publicidad lo ocurrido.

Creo que se trata de un accidente, cuyas causas se están investigando. Por ello hay que esperar a las conclusiones. Pero escuchar y leer toda la sarta de estupideces que sueltan gañanes sin saber nada, me saca de mis casillas. O también la insistencia de supuestos informadores que quieren que pilotos les expliquen qué sucedió con estupideces del tipo: ¿Podría haberse pinchado una rueda y por eso...bla, bla, bla?

Las televisiones se han cubierto una vez más de gloria. Antena 3, carroñera mayor del reino, incluso se han montado una promoción de sus informativos con imágenes del accidente. El resto de las cadenas miserables tampoco se han quedado atrás y la Televisión Canaria, sin verla ayer, ya me puedo imaginar lo que ofrecerían: basura, estiércol, morbo y chabacanería a granel.

Creo que deberían meditar sobre lo que están haciendo porque están perdiendo la poca credibilidad que les quedaba y salvo los típicos morbosos marujientos, el resto de la audiencia los tiene ya bastante calados.

La imagen la encontré en Las malas lenguas.

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