Fe en uno mismo

Este domingo o para aclararlo mejor, parte de la tarde de este domingo la he pasado frente al televisor para presenciar dos acontecimientos deportivos que me interesaban especialmente: Tenis con la final del Master Series de Montecarlo que enfrentaba a Rafael Nadal con su eterno rival Roger Federer y el Campeonato de España de Fórmula 1 que se disputaba en Barcelona y que tenía visos de ser divertido después de la proeza de Fernando Alonso al situarse en el segundo puesto de la parrilla de salida.

Tratar a la Fórmula 1 como deporte, tendría su debate, pero para resumir, dejémoslo en deporte. Pero un evento, supuestamente deportivo en el que todos los contendientes no parten con las mismas opciones, es bastante cuestionable.

La Fórmula 1, me duró apenas unos minutos, justo hasta que Alonso quemó su motor, momento en el que terminó la carrera para él y también para mí. Le di con el dedito al cambio de televisor manual (la uso tan poco que ya no tengo ni mando, ni falta que me hace) y pasé al segundo evento del día: tenis, Master Series, final, Montecarlo, Nadal-Federer. Un partidazo, vamos.

En los diarios deportivos seguramente lo tratarán mucho mejor que yo, pero para resumir te diré que el primer set fue una lucha de igual a igual y en el que los aciertos y los errores se dividieron casi por igual, aunque al final, Nadal se anotó la primera manga.

Lo bueno estuvo en el segundo set. No sé si Federer salió enrabietado por haber perdido el primero o si Nadal se tomó un relax, pero los puntos iban subiendo al marcador del suizo y nos plantamos en la mitad del set con un amenazante 4 juegos a 0 a favor del suizo. Otro jugador se hubiera pensado, pasar lo mejor posible la racha y encaminarse al tercer set con fuerza, pero Nadal no se rindió y sorprendentemente sacó fuerzas de flaqueza y empezó a desquiciar a Federer. Le ganó 5 juegos seguidos y se colocó 5 a 4 a favor. Casi increíble. Federer ganó el siguiente y empató a 5 y los dos siguientes se los adjudicó Nadal y por ende el partido. Campeón.

A mi hijo siempre intento inculcarle el valor de tener fe en uno mismo y de no rendirse nunca. Le recuerdo la famosa final de la Champions de hace unos años en la que el Liverpool se fue al descanso con 3-0 en contra. No se desanimaron, siguieron luchando, consiguieron empatar el partido, llegar a la prórroga y le ganaron al Milán en los penalties.

Claro que en el caso de Nadal, el hecho de haber ganado o perdido hoy, tampoco le hubiera supuesto un descalabro, pero es su actitud la que me llama la atención. Según dice, juega cada punto y un partido no termina hasta la última bola. Actitudes así son de alabar.

Nadal que a sus 21 años ya lo ha ganado casi todo, el ganar o perder una final, tampoco es que le contraríe demasiado. Además gana mucho dinero con el tenis. Ya lleva ganados 14 millones de dólares en su carrera, casi tanto como lo que gano yo anualmente con el blog :-)). Se lo merece.

Nadal no se fue a celebrar el triunfo después. Una hora más tarde disputó la final del Dobles con su compañero Robredo y también ganó el título. Un crack. Meritorio además en un deporte donde nadie te regala nada y que lo que consigues es por ti mismo. Por tu fe en ti mismo. No hay penalties injustos, fueras de juego erróneos, monoplazas con diferentes motores o manos de Dios.

La imagen de Nadal con el trofeo que conquistó esta tarde la encontré en El Mundo.

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