Surrealismo trágico

Este lunes Paloma de Montemayor comenzó a patearse la isla de Gran Canaria para protestar por la dejación de las instituciones a la hora de conceder las ayudas que prometieron a bombo y platillo y ante las cámaras y micrófonos para paliar los daños del incendio que asoló parte de la isla este verano.

Siempre que ocurre una desgracia de este tipo el común de los mortales sabe que, si le toca, deberá buscarse la vida por su cuenta porque el cacareo político de solidaridad, ayuda y esas palabras que suenan huecas en boca de los mismos se queda siempre en nada y las ayudas, cuando llegan, lo hacen mal, tarde o nunca.

Los que aseguran todas esas limosnas en caliente en el momento de la catástrofe saben que tienen todas las de ganar al prometer todo lo que se les antoje porque queda muy bien de cara a la galería en el fragor de la batalla y no tienen nada que perder porque tienen un arma secreta muy potente: el burócrata chupatintas con meninges fláccidas con el que cuenta toda administración que se precie que se encarga de dilatar el proceso, aburrir a los beneficiarios y echarle siempre la culpa al papeleo inservible, estúpido y sádico en los casos en los que el tiempo apremia.

El caso de Paloma es el de todos nosotros porque, digan lo que digan y pase lo que pase, en cualquier momento nos tocará a mí, a ti o al vecino que permitimos que el aparato burocrático y político de las instituciones aderezado con altas dosis de ineficacia y mediocridad manifiesta nos convierta en míseros siervos de un sistema bochornoso.

Entre los múltiples casos de estupidez mental se ha llegado a pedir a los solicitantes de ayudas por el incendio de sus casas, papeles que se quemaron en el incendio de sus casas. Como no pudieron presentar los papeles que se quemaron en el incendio de sus casas, no pudieron obtener las ayudas a las que tienen derecho porque se les quemó la casa.

Kafka, ¿Estás por ahí?

La imagen de Paloma de Montemayor la encontré en Maspalomas Ahora.

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