26 de junio de 2016

Erase una vez una explotación agropecuaria en la que una serie de granjeros se ocupaban de proveer los alimentos básicos de la comunidad, aunque ninguno de ellos tenía muy claro cómo debía aprovecharse de la manera más adecuada esa fuente de carne, frutas, verduras, cereales, etc.

En lo que si estaban todos de acuerdo era en que era fundamental que las tres cuartas partes se dedicara a mantener, mimar y cuidar escrupulosamente a toda suerte de parásitos. Ahí podíamos encontrar chinches, pulgas, garrapatas, piojos y demás especímenes que eran criados en las mejores condiciones posibles y vivían a cuerpo de rey. Había épocas de sequía o de carestía en la que se hacía necesario economizar el alimento para los animales, pero siempre se le quitaba la comida a los animales productivos de la granja, para evitar que los parásitos pasarán algún tipo de necesidad. Incluso en estas épocas se planteaba construir jacuzzis para ellos e incluso piscinas olímpicas adaptadas para que se sintieran a gusto, aunque el resto de los animales productivos estuvieran casi famélicos.

Un día unos cuantos granjeros de la explotación se reunieron para nombrar a sus representantes para intentar tomar algún tipo de medidas que sirvieran para aumentar la producción y para ellos se reunieron para buscar las mejores soluciones e incluso implementar medidas novedosas con el fin de mejorar. Unos hablaban de utilizar la energía solar para abaratar costes, otros decían que se podía canalizar el agua del río cercano para tener los humedales bien abastecidos e incluso se propuso cambiar la alimentación del ganado, aunque a pesar de mantener interminables reuniones, no conseguían ponerse de acuerdo en nada. En lo único que ni siquiera llegaban a plantearse es la división de la granja en tres cuartas partes de parásitos y el cuarto restante dedicado a los animales productivos. Eso era un tema que ya había sido asumido por los granjeros, por sus padres y por sus abuelos, e incluso más allá. 

Al final de las discusiones en las que seguían sin ponerse de acuerdo, llegaron a un punto en el que coincidían todos y era en la importancia capital de pintar la puerta de la granja y para ello invitaron a todos los granjeros de la explotación a votar sobre si el acceso debía ser pintado de color azul, rojo, naranja, morado o verde. Con esta decisión pensaron que todo seguiría funcionando igual que siempre.

El resto de los granjeros que debían elegir el color, tampoco se plantearon si la tonalidad de la puerta era el problema más importante que debían resolver y escogieron a petición de sus portavoces porque desde siempre se había hecho así y era lo que se estaba haciendo desde hace tiempo.

La imagen la encontré en Google.